…….lo decía mi tío José María……. “¡La maldición de San Miguel!”,……….dentro del toreo no son pocas las supersticiones que circulan, no siendo la más pequeña la del mal fario que trae el color amarillo, aunque últimamente parece que el color azul ha ocupado el lugar del amarillo. Tampoco gusta a los hombres del toro el número trece, los coches de muerto, los gatos negros, las monteras encima de la cama o boca arriba en la arena.

               

                       En la muerte de Manolo Granero se dieron varias circunstancias que los supersticiosos consideran clave y que han hecho una leyenda de aquella tragedia. Por una parte, el 7 de mayo Granero cumplía su decimotercer compromiso en la temporada de 1922 y, por otra parte, muchos fueron los que, como a Joselito, de quien el valenciano hubiera sido su sucesor al frente de la torería de su tiempo, le pronosticaban que un toro le mataría en Madrid. También el propio matador estaba obsesionado con que un toro le mataría de una cornada en un ojo, como así fue. Además tampoco faltaron los que recordaron la maldición que pesa sobre los toreros doctorados en Sevilla por San Miguel. Leyenda que se inicia con José Claro “Petete” a quien hizo matador de toros en La Maestranza Francisco Bonar “Bonarillo” en 1905 y que cayó en las astas de un toro 5 años después en Murcia. También Martí Flores recibió la alternativa en Sevilla y falleció como consecuencia de las secuelas de una cornada. José Gómez “Gallito”, a quien su hermano Rafael concedió la orla de matador en 1912, tenia esperando a “Bailaor” en Talavera. Todavía, después de Granero, Manuel Baez “Litri”, a quien Chicuelo doctoró en esa fatídica fecha en 1923, cayó corneado en Málaga el 11 de febrero de 1926. Según la leyenda Manuel Granero había prometido a un amigo la oreja de uno de los toros que tendría que matar la tarde del 7 de mayo. Como no se dieron bien las cosas en el primero, tuvo que arriesgar en su segundo y arriesgó más de la cuenta ante Pocapena, cárdeno bragado, un toro de Veragua, incierto y burriciego. Aquerenciado y mansurrón, apretabas siempre hacia adentro venciéndose por el lado derecho. Cuando Granero se pertrechó de muleta y estoque para prepararlo para la muerte, Finezas, su fiel mozo de espadas, le volvió a recordar el peligro que tenía aquel toro y sus defectos. El diestro atendió sus consejos pero, pese a las complicaciones, le citó en terrenos del toro, terrenos del 2, y allí el animal se defendió y prendió a Granero. Aunque era al torero jerezano Juan Luis de la Rosa a quien correspondía acabar con él, desapareció sin dejar rastro dándole muerte Marcial Lalanda.