La de Alcurrucén para los jóvenes.

¡No, no, esa vuelta nó…..!, decía D. Mariano moviendo el dedo hacia Álvaro Lorenzo, no era merecida dicha vuelta que entre división de opiniones realizó en la penúltima corrida del abono el toledano.

Sinsabor los de Alcurrucén, fríos de salida como su encaste Núñez, reservones y complicados con el capote. «Deseadito» colorao-bragao dio emoción al final de los trasteos, volviendo la cara y esperando a que su lidiador tuviese su confianza, prendió al de Salamanca temiendo lo peor. «Cara-bella», negro botinero (algunos recordó a los Santa Coloma), estuvo en la linea de camada, frío de salida y reservón en los tercios.

Tanto «Profesor» como «Heredado» colorao el primero y castaño el segundo, tuvieron el mismo comportamiento, corretones de salida, broncos en el trasteo y con la dificultad consabida de su lidia, realizar los trasteos en los terrenos de chiqueros. Hizo falta de orden y serenidad.

«Impetuoso», negro correado no se cansó de embestir, dando al diestro un apéndice. «Afanes» no pudo salir, ya que, como comentaron por megafonía, se había estropeado, salió «Valenciano», negro mulato y con el consabido comportamiento de sus hermanos, conforme avanzaba la faena se fue yendo a menos y, tras dos entradas, cerró la tarde.

Juan del Álamo entendió bien a su primero, le falta conseguir la ligazón de trasteos ya que tiene que recuperar su posición en dos o tres pasitos, se cruzó, pero en un descuido lo prendió, trasladado rápidamente a la enfermería sufriendo una gran paliza. En su segundo tras un gran esfuerzo lo pasaportó y, tras el arrastre se fue a la enfermería.

Con los dos mansos, Álvaro Lorenzo tuvo que realizar los mismos planteamientos, la lidia en su querencia. Bien le salió en el primero, pero su segundo, dueño e señor del albero, correoso y sin fijeza, al que Ginés Marín y su cuadrilla acompañó en la consecución del «orden». Fino con la muleta consiguió algunos trances, mató y con fuerte petición no hubo premio, consideró realizar una vuelta entre aplausos y abucheos.

Tras las consabidas actuaciones de Madrid y Bilbao, se le pide a Ginés Marín la responsabilidad de su actuación, emoción en el primero al que cortó una oreja y decepción en su segundo, con mejores condiciones el astado, se fue acoplando al animal y tras entrar dos veces a matar y un verduguillo nos dejó listos. Se esperaba más.

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